
Ana M. Grajales
27 de sept de 2025
Detrás de cada taza de café hay una historia. La nuestra comienza con una finca heredada, unos abuelos del campo que trabajaron con esfuerzo para adquirir su tierra, y una decisión consciente: no vender café sin rostro, sino crear algo con alma, con origen, con propósito. Así nació Perpetuo Café de Altura. Y cada palabra en ese nombre tiene un porqué.
☕ ¿Por qué Perpetuo?
Perpetuo no fue una idea de marketing. Es una palabra que honra el legado que recibimos de nuestros abuelos: su amor por la tierra y el medio ambiente, su respeto por la comunidad, su dedicación silenciosa y constante. Queríamos que su esfuerzo no se diluyera en los sacos del comercio anónimo. Queríamos que su historia siguiera viva.
Perpetuo significa continuidad, memoria, raíz viva. Un legado que se volvió… Perpetuo. Es nuestra forma de decir que esto no es solo café. Es el eco de quienes nos enseñaron con las manos, con el ejemplo y con la paciencia que solo da el campo. Y esa “P” que aparece en nuestras piezas no es solo por Perpetuo: también es por el abuelo Pedro N. Grajales, el que nunca olvido a su vereda natal, Las Mercedes, en Santa Bárbara y que cuidó y veló por su familia como nadie.

⛰️ ¿Por qué Café de Altura?
Cultivamos nuestro café en Santa Bárbara, Antioquia, en la vereda Las Mercedes, a más de 1.850 metros sobre el nivel del mar, en las laderas frescas y fértiles de la finca El Rosal. La altitud no es solo un dato técnico. En el café, la altura es tiempo:
Tiempo para que el grano madure lentamente.
Tiempo para que los azúcares se desarrollen con mayor complejidad.
Tiempo para que la planta luche, y ese esfuerzo se traduzca en sabor.
Un café de altura no solo tiene más acidez o aromas refinados. Tiene carácter. Tiene identidad. Y cuando lo trabajas con cuidado, cuando fermentas con intención y secas con paciencia, cada lote se vuelve único. Un café que no solo se bebe… se recuerda.

🐦 ¿Y por qué un gorrión?
Porque el gorrión, y tantas otras aves locales y migratorias que visitan la finca en esta Colombia biodiversa, no necesitan pedir permiso para estar. Y es nuestro deber cultivar café cuidándolos: con árboles nativos, con prácticas agrícolas responsables, con respeto por su hábitat. Ellos viven entre cafetales, cantan entre los árboles, anidan y prosperan en nuestras montañas. El gorrión nos recuerda que el café no está solo. Que hay aves, ecosistemas, ciclos, vida. Que la sostenibilidad no es un sello: es una relación.
También es símbolo de quienes vuelan lejos… y regresan. Como nosotros, que salimos al mundo con nuestras tazas, pero volvemos siempre al origen.

