
Ana M. Grajales
30 de jun de 2025
¿Qué hace realmente especial al café de especialidad?: prosperidad, sostenibilidad y dignidad—de la tierra a las personas, tocando su alma. Aquí compartimos una nota enviada a la SCA (Specialty Coffee Association) en que explicamos el legado que nos dejaron los abuelos, lo que se volvió Perpetuo.
En las exuberantes montañas de Santa Bárbara, Antioquia, Colombia, una pequeña finca cafetera llamada El Rosal conserva el legado de tres generaciones. Cuando Ana M. Grajales y su familia heredaron la tierra de sus abuelos, ella decidió no seguir el camino convencional de vender café verde de forma anónima a los exportadores. En cambio, eligió contar una historia distinta: una que está enraizada en el origen, la calidad, la identidad y los valores que sus abuelos le transmitieron: respeto por el medio ambiente, cuidado de la biodiversidad de aves y compromiso con la comunidad local.

Ana fundó una iniciativa liderada por mujeres que cultiva, procesa y comparte microlotes de café exclusivamente de su propia finca. El nombre Perpetuo no fue creado por una agencia de marketing: fue elegido para hacer que el legado de sus abuelos, tanto agronómico como ético, fuera verdaderamente perpetuo. Cada lote—lavado, honey o naturalmente fermentado—se elabora con control total en cada etapa y se evalúa sensorialmente por catadores certificados Q Graders. Uno de sus lotes más destacados obtuvo recientemente 86.75 puntos en la escala SCA, con notas de banano maduro, caramelo y chocolate.

Pero la lección más importante que Ana recibió de sus abuelos no fue solo cómo cultivar café, sino por qué hacerlo. Comprendió que lo que hace realmente especial al café de especialidad no es solo su sabor o su puntuación, sino las vidas que toca, los ecosistemas que protege y los futuros que ayuda a construir. El café de especialidad, en su mejor expresión, promueve la prosperidad, la sostenibilidad y la dignidad—de la tierra a las personas.

Esa visión cobra vida no solo en los cultivos, sino también en las relaciones que Ana cultiva. Mujeres y migrantes venezolanos encuentran trabajo digno tanto en el campo como en la ciudad. En una pequeña cafetería en Sabaneta, a las afueras de Medellín, los baristas preparan cada método en la mesa del cliente, compartiendo el recorrido de los granos e invitando a las personas a conectarse con su origen. Los visitantes también son bienvenidos en la finca, donde pueden vivir la cosecha, observar de cerca la fermentación y caminar entre montañas, cascadas y árboles—en compañía de aves—donde todo comienza.

Este compromiso con la trazabilidad sensorial, la inclusión y la narrativa centrada en el origen desafía algunas de las cadenas de suministro tradicionales del café. El objetivo de Ana es llevar su proyecto al World of Coffee Panamá 2026, para demostrar que las pequeñas fincas con raíces profundas—y un propósito profundo—pueden ayudar a dar forma al futuro del café de especialidad y a su impacto en un mundo mejor, una taza honesta a la vez.

